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San Óscar Romero:

Un mártir que predicó una iglesia que es "pobre para los pobres"

P. Thomas Rosica, CSB

Uno de los temas principales que impregna el pensamiento de San Ignacio de Loyola es su exhortación Sentire cum ecclesia o "pensar con la Iglesia". Sentire cum ecclesia también significa sentir con la Iglesia y amar a la Iglesia. Es necesario cultivar esta comunión de devoción, afecto y propósito compartidos de una manera muy disciplinada, ya que no todos los aspectos de la Iglesia son fáciles de amar, así como no siempre somos fáciles de amar como individuos.

¿Qué significó para el arzobispo Óscar Romero pensar con la Iglesia? El pensamiento de Romero con la Iglesia fue más allá del asentimiento intelectual a la enseñanza autorizada. Pensar con la Iglesia no es solo cuestión de cabeza. Es un acto personal de identificación con la Iglesia, el Cuerpo de Cristo en la historia, el sacramento de la salvación en el mundo. Identificarse con la Iglesia significa abrazar su misión, la misión salvífica de Jesucristo, de proclamar el Reino de Dios a los pobres. Pensar con la Iglesia es un acto apostólico.

Antes de ser arzobispo, Óscar era un sacerdote tímido y tradicional, reacio a la política y muy cómodo dentro de las paredes de su iglesia. Luego vinieron los años sesenta y el mundo se dio cuenta de las luchas en Latinoamérica. Miles de sacerdotes católicos, religiosas y laicos viajaban a aldeas remotas para organizar a los campesinos y trabajadores, siguiendo las directrices del Vaticano II y la Conferencia de Obispos Latinoamericanos de 1968, en Medellín, Colombia, que estableció la opción preferencial por los pobres. Esa opción o movimiento pedía a todos los católicos que actuaran contra los problemas estructurales que mantenían a tantas personas en la pobreza. Medellín le pidió a los cristianos que ayudaran a los pobres a formar comunidades cristianas de base, donde pudieran hablar y participar en la lucha por dignificar sus vidas. Los que vivían en la periferia de la vida ahora tenían apoyo religioso para organizarse y defenderse contra los terratenientes y la oligarquía, las personas más ricas en una de las regiones más desiguales del mundo y contra su aparato militar represivo.

Romero tenía una verdadera aversión a la política que fue lo que eventualmente resultara en su nombramiento como Arzobispo. Para entonces, el ejército, que gobernaba el país desde 1931, estaba persiguiendo, capturando, torturando y asesinando sacerdotes que organizaban a los campesinos en las áreas rurales, especialmente en las plantaciones de café que eran propiedad de los ricos. Un mes después de la ordenación episcopal de Romero, uno de esos sacerdotes, Rutilio Grande, uno de los amigos más cercanos de Romero y un jesuita que dirigía una parroquia rural, fue asesinado por agentes estatales.

El recién ordenado Arzobispo mostró su enojo por este asesinato sin sentido. Canceló la misa dominical en todo el país y convocó a la Iglesia salvadoreña a la catedral para una misa única durante la cual culpó públicamente al gobierno por la muerte de Grande y exigió justicia. Un par de meses después, rechazó la invitación a la toma de posesión del nuevo presidente, el general Carlos Romero - primera vez que un arzobispo salvadoreño no asistiera - y se negó a reunirse con funcionarios del gobierno hasta que investigaran y procesaran el crimen contra el P. Grande.

Luego, desde marzo de 1978 en adelante, Romero se sentaba frente a un micrófono casi todas las noches grabando sus reflexiones sobre una variedad de temas, desde sus deberes eclesiásticos regulares hasta la agitación política y la violencia que envolvían a El Salvador.

El poder del Evangelio se revela en circunstancias históricas particulares. En San Salvador en 1980, pensar con la Iglesia significaba seguir la dirección pastoral establecida por el Concilio Vaticano II en "Lumen Gentium" y "Gaudium et Spes", por el Beato Pablo VI en "Evangelii Nuntiandi", y por los obispos latinoamericanos en las conferencias de Medellín y Puebla. Pero había más. Sentire cum ecclesia o pensar con la Iglesia exigía un discernimiento que estuviera atento a las circunstancias particulares de la comunidad católica local y a las necesidades específicas de la sociedad salvadoreña.

Romero no era teólogo y nunca se consideró parte de la Teología de la Liberación, un movimiento católico radical nacido del Vaticano II. Pero compartió con los liberacionistas una visión de un Evangelio destinado a proteger a los pobres. "Entre los ricos y poderosos y los pobres y vulnerables, ¿de qué lado debe estar el pastor?", Se preguntó. "No tengo duda. Un pastor debe estar con su pueblo". Sí, fue una decisión política, pero justificada teológicamente. Todos los escritos de Romero incluyen extensas referencias bíblicas, documentos de la Iglesia y citas papales que respaldan sus afirmaciones.

Óscar Romero mantuvo una devoción de por vida al Vicario de Cristo en la tierra. Su devoción por los sucesores de Pedro no se transmitió a los diplomáticos y burócratas del Vaticano. Para Romero, pensar con la Iglesia significaba no pensar con "los poderes de este mundo". Romero los escuchó, habló con ellos, pero se negó a alinearse con ellos. En una entrevista informal concedida durante la Conferencia de Puebla de 1980 en México, Romero habló de tener la mente de la Iglesia y dijo: "San Ignacio la presentaría hoy como una Iglesia que el Espíritu Santo está estimulando en nuestro pueblo, en nuestras comunidades, una Iglesia que significa no solo la enseñanza del Magisterio, la fidelidad al Papa, sino también el servicio a este pueblo y el discernimiento de los signos de los tiempos a la luz del Evangelio". A través de su vida, ministerio y martirio, Óscar Romero nos enseñó que pensar con la Iglesia significa enraizarse en Dios, amar y defender a los pobres y, por fidelidad, pagar el precio de hacerlo. Dio su vida por sus amigos.

Treinta y cinco años después, en 2015, la Iglesia confirmó que Romeo tomó la decisión correcta al proclamarlo "Beato." La Iglesia, dirigida por el Papa Francisco, declaró que Romero es mártir, asesinado por "odio a la fe." No murió por ensuciarse las manos y la reputación en la política, como acusaron muchos de sus críticos eclesiásticos, sino porque siguió fielmente el Evangelio de Jesucristo. Tres años después, en 2018, es apropiado y providencial que Óscar Romero sea declarado Santo por un Papa de Suramérica que predica una Iglesia que es "pobre para los pobres".

Beato Óscar Romero

"Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto, a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles... Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: "No matar". Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado. La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: Cese la represión"

— Monseñor Romero, última homilia (Marzo 23, 1980)
Debe prevalecer la ley de Dios que dice: "No matar".
Marzo 23, 1980

Si me matan resucitare en el pueblo salvadoreño.
Marzo 1980

El martirio es una gracia de Dios que no creo merecer. Pero si Dios acepta el sacrificio de mi vida, que mi sangre sea la semilla de libertad y la señal de que la esperanza será pronto una realidad.
Marzo 23, 1980

Muchos quisieran que el pobre siempre dijera que es "voluntad de Dios" vivir pobre. No es voluntad de Dios que unos tengan todo y otros no tengan nada.
Septiembre 10, 1978

La justicia es como la serpiente solo muerde a los descalzos
Marzo 1980

Romero's Documentary